El escritor del libro de hebreos en la Biblia hablando de la raíz de amargura, nos aconseja: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”
Dios aconseja vivir en paz, en gozo, purificando cada día nuestra consciencia.
Por tanto, es necesario no dar gran importancia a las palabras hirientes o mala actitud de quien pretenda ofendernos para impedir ser contaminados con la amargura.
Mejor es conversar con Dios y dejar las ofensas en sus manos, porque la amargura es un pecado contra Dios que alimenta el Ego para actuar contra la perfecta voluntad de Dios.
El resentimiento es un pecado y se debe confesar al Señor:
Salmo 51:4: “Contra ti, contra ti solo he pecado”
En vez de amargarnos, orar al Señor que con seguridad nos dará su consejo divino.






